Institucional Ideario de 35 años de experiencia

Explicar la muerte puede resultar imposible o casi imposible. Pero sí le podemos dar un sentido, si éste se apoya en la esperanza que asoma en el momento en que el hombre le da trascendencia a la muerte; la misma, como hecho social, comienza cuando aquél entierra a sus muertos.

La relación entre la vida y la muerte es única, irrepetible, personal e íntima. Aristóteles decía que «los muertos tienen vida, y que la vida de los muertos está en la memoria de los vivos».

La experiencia me lleva a decir que pocas veces en la práctica socorrista tenemos la posibilidad de salvar una vida de manera tan impactante como cuando realizamos un esfuerzo de reanimación cardiopulmonar.

El paro cardiorespiratorio es quizás el momento emocional y dramático más intenso de la vida de la persona que intenta recuperar el corazón de otra… los acontecimientos ocurren a gran velocidad y exigen una respuesta inmediata y precisa.

Así, la preocupación por la vida en la emergencia determinó la necesidad de un enfoque sistemático y racional… Las técnicas de reanimación brindan las bases para ofrecer el mejor cuidado posible en situaciones que generan tanta tensión en el rescatador que a menudo altera su capacidad para actuar, en una proporción inversa a su grado de preparación y experiencia, sorprendiéndolo en una disciplina que creía dominar.

El entrenamiento en estas técnicas constituye un reto para usted por la alta densidad de información provista en poco tiempo que involucra una colección de habilidades cognoscitivas y psicomotoras aprendidas en simulaciones de la vida real.

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El soporte vital avanzado es para toda la gente…, para el niño sonriente que insiste en correr con un juguete en la boca…, para la joven mujer embarazada que no puede respirar por una complicación de su valvulopatía reumática,…para la fibrilación ventricular del joven ejecutivo que olvidó abrazar a su hijo esa mañana,…para el accidente vasculoencefálico de esa abuela inmigrante cuya familia llena la sala de espera.

Usted, sea quien sea o haga lo que haga, puede ser en una situación límite el primer y primordial eslabón de la cadena de sobre vida que aumente la esperanza de vida de una persona y recoja el agradecimiento de sus seres queridos.

Es cierto, la mayoría de las veces usted no salvará a nadie; la mayor parte de sus esfuerzos fracasarán; otros tantos recuperarán sus corazones pero no las mentes, pero a veces, sólo unas cuantas veces, podrá salvar vidas.

El contenido de estas recomendaciones es para usted si está dispuesto a hacer el esfuerzo y le dedica tiempo para luego dárselo al prójimo, por medio de su Institución. Sólo necesita su tiempo, sus manos, sus pulmones, su cerebro, su buena voluntad y por supuesto su corazón.

Hoy vivimos a gran velocidad, con vértigo, con audacia y con temor a veces u otras sin él, en un mundo que no tiene límites, y donde el tiempo de reflexión es casi nulo. Convivimos con una sociedad que todo lo mide, (todo lo que no puede medirse no puede ser valorado), dicen unos; o…… – lo que no puede medirse no existe – dicen otros), se podría pensar por lo tanto que todo tiene un valor económico, o dicho de otra manera, un «precio». Y tal vez siguiendo esta línea de pensamiento es razonable que se le ponga un valor a la muerte. Pero ¿quién le pone precio a la vida?, o….. ¿Es tan grande su valor que el precio es inmensurable? o….. ¿Es que no tiene precio?. En nuestro econométrico-sistema ¿cuál es la medida que le damos a la acción de un socorrista que salva la vida de un niño que ha caído en un pozo profundo, o la de un paramédico que acciona un desfibrilador automático y desfibrila a ese famoso y querido político que hace un paro cardiorespiratorio frente a millones de personas en un debate televisivo, o la de ese policía que fuera de servicio intenta salvar la vida con medidas básicas de sostén de esa princesa que se ha estrellado con su auto en una autopista europea.

En nuestro mundo de hoy, ya en el tercer milenio y en una sociedad donde a menudo se menosprecia la vida de muchos, hay quienes se reconcilian diariamente con la vida cuidando enfermos, saliendo a la madrugada a gran velocidad a socorrer un accidentado, a darle una palabra de aliento al moribundo, atendiendo enfermedades infectocontagiosas, de las cuales mucho se dice pero que habitualmente sólo se ven a través de una pantalla de televisión, y en el mejor de los casos a través de un vidrio, en resumen, hay gente que todavía se «juega» la vida en función del otro, muchas veces, la mayoría de las veces, sin pedir nada a cambio. Ellos son integrantes de la Escuela Superior Argentina de Técnicas Socorristas y de Rescate y del Grupo Especial de Socorros.

Pablo Alejandro Covelli
Director en Jefe

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